Orden Franciscana Seglar

Ordo Franciscanus Sæcularis

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PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS

PROYECTO DE FORMACIÓN PERMANENTE

FICHA MENSUAL

OCTUBRE 2012 – AÑO 3 – No.34

DOC

UNA VOCACIÓN ESPECÍFICA PARA UNA MISIÓN PARTICULAR

por Benedetto Lino, OFS

Dossier preparado por el equipo del CIOFS de Formación Permanente

Ewald Kreuzer, OFS, Coordinador

Fr. Amando Trujillo Cano, TOR

Doug Clorey, OFS

 

NUESTRA MISIÓN:  LA MISIÓN DE LA IGLESIA

Esta ficha contiene una parte de la presentación de Benedetto Lino al Capitulo General 2012 en Sao Paulo (Brasil) que nos recuerda el carisma específico de San Francisco en la vida y en la misión de la Iglesia. La misión de la Iglesia y la misión de los franciscanos seglares no son misiones diferentes. Sería muy útil estudiar de nuevo lo que la Regla y las Constituciones de la Orden Franciscana Seglar dicen acerca de la naturaleza y el sentido general de nuestra misión.

Nuestra misión de la Iglesia

Nuestra misión es la misión de la Iglesia, de toda la Iglesia. “Francisco ve, repara mi casa”, toda la casa no solo una parte.

Nuestra Regla comienza precisamente con la naturaleza de esta misión “……hacer presente el carisma del común Padre Seráfico San Francisco en la vida y en la misión de la Iglesia.”

Y la misión de la Iglesia es evangelizar: Evangelizar es la gracia y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. (Evangelii  Nuntiandi, 14)

Evangelizados: conformados a Cristo, como Francisco.

Para evangelizar: llevar a Cristo al mundo: ….háganse testigos e instrumentos de la misión de la Iglesia entre los hombres, anunciando a Cristo con la vida y con la palabra. (Reg.6)

Llevar al Cristo Total

Pero, ¿qué Cristo debemos llevar al mundo?

Nos lo indica con fuerza profética, el Cardenal Roger Etchegaray en su homilía del 9 de Abril del 2000, con ocasión del gran Jubileo de los franciscanos:

Y hoy, en los albores de un nuevo milenio, ¿la aventura franciscana tiene todavía un sentido, tiene todavía alguna probabilidad de éxito? Nunca la verdadera fraternidad ha estado a la vez tan deseada y tan poco vivida. Nunca el carisma franciscano ha sido más actual para ofrecer al Cristo total a un mundo roto que tiene miedo de una fraternidad solidaria de todos los hombres sin exclusión.

Es el Cristo total, todo el Cristo, cada aspecto de Cristo, el que nosotros franciscanos, como Francisco, debemos llevar en nosotros y ofrecer al mundo.

Las áreas del servicio al que estamos llamados son, por tanto, ilimitadas y exigentes.

Una Misión Total

El Crucifijo de San Damián ha confiado a Francisco una Misión inequívoca: “Ve, Francisco, repara mi casa”. “Repara mi casa” se refiere en el modo más extenso y totalizante a toda la casa, a “cualquier cosa” que sea necesario reparar en la Casa-Iglesia-Cuerpo-de-Cristo. No hay límites.

Esta es la tarea a la que estamos llamados, como Francisco, con Francisco y con toda su Familia1 y, mediante la Regla, la Iglesia nos confía formalmente esta misión.

Inspirados en San Francisco y con él llamados a reconstruir la Iglesia, empéñense en vivir en plena comunión con el Papa, los Obispos y los Sacerdotes, en abierto y confiado diálogo de creatividad apostólica. (Reg. 6)

La OFS, como asociación pública internacional, está unida con un vínculo particular al Romano Pontífice, del que ha obtenido la aprobación de la Regla y la confirmación de su misión en la Iglesia y en el mundo. (Const. Gen. 99.2).

Nuestra Regla y Constituciones nos dan las pistas esenciales para nuestra misión que, aunque no se desvíen de lo que, de hecho, se pida a todos los verdaderos cristianos por igual, ofrecen una visión de gran profundidad, sacando a la luz lo que la Iglesia piensa de nosotros, de nuestro papel y lo que Ella espera de nosotros.

Véanse en particular: Reg. 6, 10, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19 y 12 y las Constituciones Generales 12 y 17-27.

La brevedad de este artículo no nos permite profundizar en estos aspectos como se merecen y os invito encarecidamente a tomar la Regla y Constituciones para hacer una lectura meditada y profunda de estos artículos.

Nuestra misión es, en fin, lo que la jerarquía de la Iglesia, universal y local, nos indican cada vez, a partir de sus necesidades contingentes, en virtud de la misión que estamos llamados a desarrollar in nomine Ecclesiae, como Asociación Pública de Fieles Internacional (CIC 313), en un diálogo abierto y confiado de creatividad apostólica.

Católica, abierta y universal.

Francisco no quería otra cosa para sí mismo y para sus hermanos, sino ser “católicos”, abiertos, universales, una expresión auténtica del Dios que, por amor sale de la inmanencia Trinitaria, que se encarna, se ensimisma en la profundidad del ser con sus criaturas, se deja interpelar, dejando de ser el “totalmente otro”, para convertirse en solo el “otro”, el Padre, el Hermano, el Amor sin condiciones.

Hombres y mujeres de comunión

Francisco es el hombre de la comunión por excelencia,  es el hombre que de la fraternidad entregada por Jesús ha hecho el centro de su vida.

Francisco tejió lazos de comunión entre todos y todo, las criaturas animadas e inanimadas. Su misión específica ha sido, y es, por tanto, atraer a todos y todo a la unidad de Cristo destruir los guetos, las vallas, y llevarnos de nuevo a la humildad, a la pobreza, a la castidad, a la obediencia de Cristo al Padre, hacernos sentir la belleza de ser verdaderamente hijos del Padre y hermanos universales.

Nosotros hemos heredado la misma misión general de Francisco y, por encima de todo, debemos buscar el Espíritu Santo y su santa operación, como Francisco, y actuar como catalizadores de comunión, destructores de barreras, modelos ejemplares de humildad, de obediencia, de castidad, de pobreza, reconducir todo hacia el único cauce que es Cristo, con y en su Iglesia, impulsando a todos a reconocerse hermanos los unos para los otros.

¿Cómo nos quiere el Señor, Cómo nos quiere la Iglesia? ¡Nos quieren Santos!

Nos quieren diferentes, sí, pero diferentes por la santidad, una santidad que se aproxime a la de San Francisco,  anticonformistas, valientes, apasionados. Diferentes porque son cristianos totales, como Francisco

La Iglesia cuenta con nosotros.

Acabamos de recordar el mensaje del beato Juan Pablo II al Capítulo General de 2002: La Iglesia espera, la Iglesia desea, la Iglesia espera ...

Y la Iglesia siempre ha expresado claramente qué se espera de nosotros.

“Y haced, hijos de San Francisco, que aquellos que acusan a la Iglesia de haber polarizado su centro de interés en otros aspectos del cristianismo, doctrinales, cultuales o prácticos, y no en Cristo Jesús, puedan reconocer en este Santo, «vir catholicus, totus apostolicus», y en sus hijos fieles seguidores, que perpetúan su testimonio, la prueba de la “primacía en todas las cosas” (Col 1, 18) de la realeza que la Iglesia confiesa y celebra por nuestro Señor Jesucristo.” Y aun más:

“Otros lo harán de otra manera, la vuestra es la... del anticonformismo. No despreciéis  las maneras de vuestro estilo franciscano con tal que llevadas con digna sencillez,  puedan resumir la eficacia de un lenguaje libre y audaz, tanto más apto para impresionar al mundo, cuanto menos en consonancia con los imperativos de su gusto y su moda.” (Pablo VI en  el Capitulo OFM 22 de junio 1967)

“Ser un franciscanos no significa presentarse con un distintivo particular, o endosarse una divisa especial, sino tener una magnanimidad singular, la libertad de espíritu, capacidad de cruzar fronteras y los patrones, en solidaridad con todos aquellos necesitan comprensión y amor. El seguidor de Francisco no puede ser sectario, iconoclasta, racista, beligerante, sino que por donde pase debe sembrar la serenidad y la confianza, en una palabra, la paz y el bien.2

Se precisa pasión, una pasión grande, como la de Francisco:

“La OFS tiene una gran misión en la Iglesia, una razón para vivir y ofrecer vuestra vocación, asumiendo un compromiso concreto que se ajuste a vuestra secularidad. Es preciso: Asumir el pasado con gratitud, Vivir el presente con pasión, preparar el futuro con gran esperanza.

Un franciscano sin pasión es mejor que se vaya.

Se debe estar alerta y despiertos para ser profetas hoy. Yo sólo pido que,  donde quiera que estéis, más que escuchar vuestras palabras, la gente pueda ver que sois diferentes. Es absolutamente urgente tomar un nuevo rumbo.” (Fr. José R. Carballo OFM)3

Para la reflexión y discusión en fraternidad:

1. ¿En tu opinión, qué significan las palabras “ve, repara mi casa” para los franciscanos seglares de hoy, tanto individualmente como en fraternidad?

2. ¿De qué forma la Regla y las Constituciones de la OFS dan una orientación esencial a nuestra misión?

3. ¿De qué manera ves a los franciscanos seglares trazando un “nuevo rumbo?

 

 


1 “La visión de Inocencio III, de Francisco, que sostiene la Basílica de Letrán, la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo en su expresión histórica y central, unitaria y jerárquica, y romana, a adivinado la vocación y misión de vuestra gran familia religiosa.”(2 Cel. 17). Pablo VI en la Asamblea General OFM Capítulo 22 junio, 1967.

2 Ortensio da Spinetoli OFM Cap. “Francesco: l’Utopia che si fa storia”, p. 13.

3 Fr. José Rodríguez Carballo, Ministro General OFM, en el Capitulo General OFS, noviembre de  2005, y en la Visita Pastoral a la Presidencia del CIOFS, Abril 2006.

PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS

PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE

DOSSIER MENSUAL

SEPTIEMBRE 2012 – AÑO 3 – No.33

(DOC)

VOCACIÓN ESPECÍFICA PARA UNA MISIÓN PARTICULAR

por Benedetto Lino, OFS

Dossier preparado por el equipo del CIOFS de Formación Permanente

Ewald Kreuzer, OFS, Coordinador,

Fr. Amando Trujillo Cano, TOR, y Doug Clorey, OFS

 

HEREDEROS DE SU MISIÓN

En este dossier Benedetto Lino nos exhorta a los franciscanos seglares a huir de la tendencia de “querer siempre “definirnos” hasta el punto de crear insuperables líneas de demarcación entre nosotros y el resto de la Iglesia, entre nosotros y el mundo, alardeando de presuntas superioridades inexistentes, apoyándonos en los “laureles” de Francisco”. Por supuesto que hay el peligro de “sobre-especificar” lo que somos como franciscanos seglares, corriendo el riesgo de perder el objetivo central de nuestra vocación, es decir, ser completamente conformados a Cristo, como Francisco.

Herederos de su Misión: Signo y referencia de un cristianismo integral

Es a nosotros a quienes Dios ha llamado para ser los continuadores de la obra de Francisco, herederos de su misión, ¿cómo cumplimos con esta misión?  Nosotros, como Francisco, estamos llamados a cumplir su misma tarea de ser un singo, un punto seguro de referencia para un cristianismo integral vivido al 100% (cien por ciento), sin encerrarnos en el ámbito restringido de nuestras respectivas Órdenes de la Familia y de la Iglesia. Nosotros estamos llamados a ser cristianos totales, como Francisco. Debemos huir de la tendencia de querer siempre “definirnos” hasta el punto de crear insuperables líneas de demarcación entre nosotros y el resto de la Iglesia, entre nosotros y el mundo, alardeando de presuntas, en cuanto que inexistentes, superioridades, sin mecernos sobre los “laureles” de Francisco, teniendo siempre en la memoria lo que Francisco nos ha recordado rudamente: “ es una gran vergüenza para nosotros siervos de Dios, que los santos hayan cumplido estas obras y nosotros queramos recibir gloria y honor por el simple hecho de contarlas!1

En el esfuerzo de especificarnos demasiado, corremos el riesgo de perder de vista el objetivo central que es el de conformarnos enteramente a Cristo, ser solo y enteramente cristianos, con toda la intensidad de nuestra voluntad, de nuestro corazón y de nuestra mente, como Francisco

Abiertos al mundo al servicio del Evangelio, con la Iglesia

Es necesario sin embargo, abrirse al mundo, como Francisco, sin complejos de superioridad ni de inferioridad2; no cerrarse. Debemos asumir la actitud de la parrhesía evangélica, como nos exhortaba el Cardenal Rodé, en su carta a la Orden del 6 de Mayo de 2009.3 En nuestra Regla y en nuestras Constituciones Generales hay un insistente reclamo a girarse hacia el mundo para llevarle a Cristo y la revelación del amor de Dios, con valentía y simplicidad. La Iglesia nos lo pide insistentemente.

Duc in altum! La Iglesia espera de la OFS… un gran servicio a la causa del Reino de Dios en el mundo de hoy. […] La Iglesia desea que vuestra Orden sea un modelo… tal como para presentarse al mundo como “comunidad de amor” (Reg. 22).  La Iglesia espera de vosotros Franciscanos seglares, un testimonio valiente y coherente de vida cristiana y franciscana, orientada hacia la construcción de un mundo más fraterno y evangélico para la realización del reino de Dios.”4

En el fondo,  se trata  de un obligado reclamo a poner en práctica lo que hemos prometido: “Renuevo las promesas bautismales y me consagro al servicio del Reino” (Profesión OFS))

Hemos asumido un compromiso exigente y absoluto con nuestra respuesta (la Profesión) a la llamada de Dios, a nuestra Vocación, una vocación que in-forma toda la vida y la acción apostólica de todos y cada uno de nosotros.

Y sin embargo muchos de los nuestros viven cerrados y replegados sobre si mismos, frecuentan únicamente los círculos restringidos propios, y muchos otros parecen comprometidos en pasar solo de un Congreso a otro, de una celebración a otra, siempre entre nosotros, hablándonos sobre nosotros,  incapaces de ir por el mundo para cumplir la función de Francisco: ir, como el Señor, al mundo.

No seremos discípulos más auténticos de Francisco ni más santos, quedándonos en Iglesias de piedra o frecuentándonos entre nosotros haciendo alarde de nuestra superioridad y especificidad.

Francisco, nuestro punto de referencia obligado para volver a partir  de Cristo

Francisco nos exhorta con su vida y su ejemplo a ser cristianos integrales. Debemos mirar a Francisco sin los condicionamientos de las modas de hoy para aprender a realizar nuestra vocación. Debemos volver siempre a los orígenes. Debemos volver a partir siempre de Cristo y, nosotros debemos volver a partir siempre de Francisco para aprender a partir de Cristo, para ser auténticos franciscanos y franciscanos seglares.

En los últimos tiempos, sin embargo, se tiende a distanciarse de la experiencia de Francisco como fundamento irrenunciable para todo franciscano, como si su pertenencia al mundo del siglo XIII lo haya convertido en algo poco adaptado a los tiempos de hoy. Se prefiere hacer referencia al desarrollo acaecido en el curso de los siglos para traer las referencias a algo no mejor definido pero que radica casi exclusivamente en el hoy de la experiencia franciscana antes que en el siempre de la experiencia sanfranciscana (La propia experiencia personal y paradigmática de San Francisco).

Hay en esta actitud una negación de la perenne actualidad y definitiva manifestación de Cristo y de su revelación del Padre y de la esencia de Dios. Francisco se refirió a este modo de relacionarse con Dios y su acercamiento es de una modernidad que no puede acabarse nunca. Las formas pueden ser las de una época con sus costumbres, pero las expresiones espirituales y las actitudes de conversión y acercamiento a Dios son siempre iguales.

Tomamos nota humildemente de que después de 8 siglos no somos nosotros, si no Francisco quién atrae también al hombre del siglo XXI hacia Jesús. Él es todavía quien inspira y conduce con su sencillez, humildad y perfecto seguimiento de Cristo. ¡No nosotros! Tan cargados de superestructuras, distracciones y tibiezas.

El hoy de Dios es siempre hoy, no es nunca ayer, no está superado por las modas de los hombres.  Aquí no se trata de ir descalzos como Francisco, macerarse con ayunos extremos u otras cosas semejantes, si no convertirse en lo profundo y, como hombres de nuestro tiempo, dejar que sea el Espíritu del Señor quien nos diga qué quiere que haga y secundar con la misma determinación de Francisco los impulsos de este mismo Espíritu.

Cada espiritualidad pertenece a quién la vive en primera persona, a quién la interpreta y no a otros, y nosotros franciscanos seglares, la recibimos directamente de Francisco y no de otros, para introducirla, con sus características propias, en la vida secular, laica y ordenada. Debemos mirar a Francisco en primer lugar. Somos nosotros, hermanos y hermanas, los que debemos encarnar la espiritualidad franciscana en la secularidad obteniéndola directamente del espíritu de San Francisco.

¿La nuestra es una misión particular?

¿Cuál es entonces nuestra misión?

Ciertamente no es particular, a menos que queramos considerar que su particularidad consiste precisamente en su no particularidad, en su omni-inclusión. La palabra “particular” se refiere a algo que afecta a una parte de todo y creo que, por el contrario, nuestra misión hace referencia a todo.

PARA LA REFLEXIÓN Y DISCUSIÓN EN FRATERNIDAD:

1. ¿Por qué es esencial para los franciscanos seglares abrirse al mundo como lo hizo Francisco?

2. ¿De qué forma es aun hoy Francisco el que inspira y guía a tanta gente, especialmente a los jóvenes?

3. ¿Qué significa “encarnar la espiritualidad franciscana en la vida seglar”?

 

 


1 Adm. VI

2 Regla OFS, articulo 13

3 Parrhesía: Es el hablar claro, sin miedo y sin titubeos, dando un testimonio no acomodadizo a la verdad evangélica, siempre dispuestos a responder a cualquiera que pida razón de nuestra esperanza, sembrando humilde y valientemente la semilla de la Palabra. Ver Hechos 28, 31. Comentario sobre la carta del Card. Rodé en www.ciofs.org/Y2009/a9ESrodelet.html.

4 Mensaje al Cap. Gen. OFS del Beato Juan Pablo II, 22  de Noviembre de 2002

PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS
PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE
DOSSIER MENSUAL
JULIO 2012 – AÑO 3 – No. 31

(DOC)

VOCACION ESPECÍFICA PARA UNA MISION PARTICULAR

por Benedetto Lino, OFS

Dossier preparado por el equipo del CIOFS de Formación Permanente
Ewald Kreuzer, OFS, Coordinador, Fr. Amando Trujillo Cano, TOR, Doug Clorey, OFS

INTRODUCCION

Durante los primeros seis meses del 2012, el dossier mensual se ha basado en la conferencia principal del Capitulo General del 2011, “Evangelizados para Evangelizar”, presentada por Fr. Fernando Ventura, OFMCap en Sao Paulo, Brasil. Durante la segunda parte del 2012, de julio a diciembre, el dossier mensual se enfocará en el tema del Capitulo General, “Vocación Específica para una misión particular”, presentado por Benedetto Lino, OFS.

PRESENTADOR

Benedetto Lino, OFS es el Consejero de Presidencia del Consejo Internacional de la Orden Franciscana Seglar para el área de la lengua italiana. Él vive en Roma y es el Coordinador del Proyecto responsable del curso de formación inicial para formadores y del manual de formación que acompaña dicho curso. Es importante hacer notar que los últimos dos Capítulos Generales decidieron que la “Formación” debía ser la primera prioridad de nuestra Orden.  Benedetto Lino viaja alrededor del mundo para dar seminarios y talleres de formación.

CONTENIDO

A continuación, una breve descripción de los dossiers de los siguientes seis meses. Los contenidos de estos dossiers no corresponden a los meses en los cuales son publicados. Cada fraternidad local es libre de trabajar con los temas específicos en los tiempos que ella misma escoja.

1. Vocación y Misión – del “ser” al “hacer”  (Dossier de julio)

“Evangelizados a evangelizar” y “Vocación y Misión” son dos temas relacionados y, en cierto sentido, son simplemente dos formas de decir la misma cosa.

2.  Lo específico de nuestra vocación  (Dossier de agosto)

Nuestra vocación específica es franciscana y seglar y, en cuanto tal, depende directamente de Francisco de Asís y de su vocación. Debemos por lo tanto partir de Francisco para comprender cuál ha de ser nuestra vocación específica.

3. Herederos de su misión  (Dossier de septiembre)

Nosotros, como Francisco, estamos llamados a cumplir la tarea de ser un signo, de ser un punto de referencia seguro para un cristianismo que es vivido en plenitud, al 100%, sin limitarnos al ámbito restringido de nuestras respectivas Órdenes, de la Familia y de la Iglesia... Estamos llamados a ser cristianos totales, como Francisco.

4. Nuestra misión: la misión de la Iglesia. (Dossier de octubre)

“Francisco ve, repara mi casa”, significa reparar toda la casa, no sólo una parte. Nuestra Regla comienza precisamente con la naturaleza de esta misión “…hacer presente el carisma del común Padre Seráfico San Francisco en la vida y en la misión de la Iglesia.” Y la misión de la Iglesia es evangelizar.

5. La Orden Franciscana Seglar – una verdadera Orden (Dossier de noviembre)

“…vosotros sois también una “Orden”, como dijo el Papa (Pío XII): “ORDEN LAICAL, PERO ORDEN VERDADERA”; también Benedicto XVI había hablado ya de “Ordo veri nominis”. (una verdadera Orden). Esta concepto antiguo – podemos decir medieval - de “Orden” no significa otra cosa que nuestra estricta pertenencia a la gran Familia Franciscana.

6. Resumen (Dossier de diciembre)

VOCACIÓN Y MISION – DEL “SER” AL “HACER”

VOCACIÓN: LLAMADOS A SER EVANGELIZADOS

MISIÓN: LLAMADOS A EVANGELIZAR

“Evangelizados para evangelizar” y “Vocación y Misión” son dos temas profundamente unidos, en cierto modo dos maneras de decir lo mismo. Veamos por qué.

La Vocación es la llamada de Dios a “ser” lo que Él ha preparado para nosotros.

Él nos ha creado a su imagen y semejanza en el Hijo, El señor Jesús.

Dios nos llama  a "ser” conformados a Jesús, “el hombre perfecto”.

Ahora, el Evangelio es la epifanía de Cristo, su plena manifestación. Por tanto, quien da una respuesta en plenitud a la llamada de Dios (Vocación) y ha emprendido un camino de conformación a Cristo Jesús, es una persona comprometida para ser “evangelizada”. Este es el sentido profundo del “ser evangelizados”.

DEL "SER" AL "HACER"

Del “ser” emana el “hacer”, la Misión. Y la misión fundamental para quienquiera que se haya puesto en camino para conformarse a Cristo no puede ser sino la de proclamar a Cristo, la de transmitir el impulso del amor de Dios que hemos descubierto y que ha cambiado nuestra vida. Éste es el sentido profundo del hecho de “evangelizar”: comunicar a Cristo, testimoniarlo, hacerlo presente a través de nuestra vida y nuestro anuncio.1

Pero vamos al tema que debemos desarrollar: VOCACIÓN ESPECÍFICA Y MISIÓN PARTICULAR.

¿ES NUESTRA VOCACIÓN ESPECÍFICA?

Cuando me confiaron este tema, he reflexionado largamente sobre estos dos adjetivos: específica y particular.

Antes de nada he realizado una búsqueda en nuestros documentos fundamentales: la Regla, las Constituciones Generales y el Ritual.

La palabra Vocación acompañada del adjetivo específica está una sola vez, en el artículo 2.1 de las Constituciones Generales, mientras que la palabra Misión acompañada de particular no se encuentra en ningún lugar. Examinamos este único pasaje:

La vocación a la OFS es una vocación específica, que informa la vida y la acción apostólica de sus miembros. Por consiguiente, no pueden formar parte de la OFS quienes ya están vinculados, mediante compromiso perpetuo, a otra familia religiosa o instituto de vida consagrada.

Las afirmaciones contenidas en este artículo son densas de contenido. Se dice, de hecho, que esta vocación específica informa (da forma interna a) la vida (el ser) y la acción apostólica (el hacer, la misión) de sus miembros.  El artículo continúa afirmando que la transformación obrada por la vocación, cuando ésta es acogida y experimentada, es de tal alcance que no se puede formar parte de otro compromiso de vida. Si por lo tanto nuestra vocación es auténticamente franciscana, toda nuestra vida tiene que tomar una sola forma: la evangélica franciscana y seglar.

Me parece importante hacer notar que el sujeto agente es la vocación y no nosotros. En efecto, no somos nosotros quienes nos damos a nosotros mismos la forma (in-forma), sino que es la vocación la que actúa sobre de nosotros. Es por lo tanto Dios mismo quien, como siempre, toma la iniciativa y nos transforma.

Hay una sola referencia a la especificidad pero esto me parece decisivo, aunque no clarifica, todavía, explícitamente la naturaleza de esta especificidad. Es esencial por tanto, comprender bien en qué consiste nuestra especificidad.
Sin embargo, antes de examinar este aspecto, que es decisivo para nosotros,  es necesario reflexionar sobre la Vocación en su sentido más amplio y omnicomprensivo, porque el concepto de la vocación, y cuanto  contiene, es a menudo mal entendido o incluso olvidado  o banalizado.

LA VOCACIÓN FUNDAMENTAL

Antes y por encima de cualquier vocación específica hay una vocación fundamental que pertenece a la raíz de nuestro ser y que alcanza a toda criatura: Es la llamada de Dios a ser santos, a acogerlo en Cristo, a dejarse “modelar” por el Espíritu para reunirse con el Padre y compartir la vida misma de Dios.

De esta vocación fundamental derivan y dependen todas las otras especificaciones.

La respuesta a esta llamada y su plena realización nos permite alcanzar la condición de cristianos perfectos: es la llamada del cristiano ordinario. Ordinario en este caso no es un término reductivo, ya que lo ordinario de Dios es la santidad. Por lo tanto, realizando plenamente  la vocación fundamental, no habría necesidad de buscar otras especificaciones para hacer realidad el proyecto de Dios para nosotros.

Toda vocación es una llamada a “ser” y “hacer” como aspectos inseparables que se determinan recíprocamente. El “ser” está totalmente contenido en la vocación fundamental, radical. El “hacer” (la misión) surge de este “ser” y determina en cierto sentido la especificidad.2

La vocación fundamental, asumiendo a Cristo como modelo, es expropiación de una existencia privada en función de la salvación universal: convertirse en propiedad de Dios, para ser entregados por El al mundo que está por redimir y ser usados y consumados en el acontecimiento de la redención. Toda vocación es principalmente personal (ser) y luego (a partir de un sí personal a Dios), poder ser utilizada de una manera funcional (hacer a favor de).3

Está claro,  entonces, que no se puede tratar y, menos vivir, una vocación específica, sin haber comprendido, aceptado y vivido la vocación fundamental.

Ser cristiano es la base del ser un franciscano y no viceversa.

¿ES ESENCIAL QUE NUESTRA VOCACIÓN SEA ESPECÍFICA? UNA CLARIFICACIÓN NECESARIA.

Sin duda, nuestra vocación es específica. En efecto, no somos jesuitas, o dominicos, o carmelitas, o focolares, u otra cosa.

Sin embargo,... ¿estamos seguros de que sea realmente necesario ser algo diferente de ser simplemente cristianos? ¿Ser simplemente Cristianos no confiere una espiritualidad suficiente para ser santos, para realizarse plenamente?  ¡Ciertamente que sí!

Este es un tema difícil para nosotros que estamos acostumbrados a movernos en un contexto de interminables etiquetas religiosas de las que nosotros mismos formamos parte. En cualquier modo, estamos acostumbrados a pensar que si no se pertenece a algo, ¡no somos nadie!

¡Como que pertenecer sólo a Cristo y a la Iglesia no bastara!

Sin duda, todos los movimientos eclesiales nacen por inspiración de Dios. Él los suscita, para responder providencialmente a las necesidades contingentes de la Iglesia y del mundo.

A menudo, en cambio, después de la fase inicial, los movimientos se instalan, se cristalizan, pierden el contacto con la inspiración originaria y tienden a vivir por sí mismos en una aislante autorreferencia, creando barreras y distinciones a menudo irreductibles, jactándose de infundadas superioridades y autosuficiencias etc. Entonces, a la libertad del Espíritu, que empuja a abrirse a todo y a todos, sucede la particularización, la búsqueda cada vez más marcada de verdaderas o presuntas especificidades que, de hecho, aíslan los movimientos en confines cada vez más acotados, separándolos del resto, con el riesgo de transformarlos en los fariseos (separados) de hoy. Para muchos institutos y movimientos éste es un riesgo real o incluso una realidad en acción. Tampoco nosotros ni nuestros hermanos y hermanas de la Familia Franciscana somos inmunes a esto.

Querer ser diferentes por fuerza no es un bien para la Iglesia ni para nosotros.

Es necesario y urgente, en cambio, redescubrir la belleza de ser “cristianos”, simples cristianos.

“¿Por qué es tan difícil seguir el Evangelio?”, pregunta un personaje de un reciente serial italiano de televisión sobre San Felipe Neri. La respuesta del santo desarma por su absoluta verdad: "¡Porque es simple!"

Estamos acostumbrados a la complejidad y esto, a menudo nos impide coger y acoger la belleza de la sencillez de Dios, como Francisco.

Me molesta cuando leo ciertos libros y escucho conferencias que se afanan por explicar nuestras profundas diferencias con respecto a los otros para definir  nuestro “específico” que, luego,  resulta ser, siempre y solamente, lo que Jesús ha pedido indistintamente a todos.

Cuando pregunto a mis hermanos y a mis hermanas: ¿En qué nos distinguimos de los otros cristianos? ¿Qué nos caracteriza como franciscanos? Después de la perplejidad inicial, vienen las respuestas usuales: la humildad (que a menudo no tenemos, pero de la que nos llenamos la boca) la pobreza (efectivamente muchos son pobres, pero no siempre por elección), la minoridad (concepto ya relegado a la pura teoría en el que, a veces, pienso que sean muy pocos los que creen incluso entre nosotros franciscanos) y así sucesivamente. Cuando luego les pregunto: ¿Pero todo esto, no debería hacerlo cualquier cristiano? Entonces, el silencio se vuelve ensordecedor.

La vocación de Francisco era la de ser simplemente cristiano. No buscó otras especificaciones si no la de ser integralmente y perfectamente cristiano. Y también nosotros debemos comprender que ser sus verdaderos discípulos significa ser solo y simplemente cristianos, como él.

PARA LA REFLEXION Y DISCUSIÓN EN FRATERNIDAD

1.    Comparte cómo vives tu “vocación fundamental”, individualmente y en fraternidad.

2.    ¿Cómo describirías la vocación específica de la OFS y de cada uno de los franciscanos seglares?  (Constituciones, 2 y 3).

3.    ¿Somos los franciscanos seglares diferentes de otros cristianos? Si es así, ¿de qué forma lo somos? Si no es así, ¿por qué no?

 

1 “… háganse testigos e instrumentos de su misión entre los hombres, anunciando a Cristo con la vida y con la palabra". (Regla,  6)
“Por tanto, que el anuncio de Jesús, que es el Evangelio de la esperanza, sea tu honra y tu razón de ser”. (B. Juan Pablo II - Ecclesia in Europa, 45)
“Por tanto, cada uno está llamado a « proclamar » a Jesús y la fe en Él en todas las circunstancias; a « atraer » a otros a la fe, poniendo en práctica formas de vida personal, familiar, profesional y comunitaria que reflejen el Evangelio; a « irradiar »  en su entorno alegría, amor y esperanza, para que muchos, viendo nuestras buenas obras, den gloria al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5, 16), de tal modo que sean « contagiados » y conquistados; a ser « fermento » que transforma y anima desde dentro toda expresión cultural”. (Ecclesia en Europa, 48)

2 cfr. Constituciones, 100.3.

3 Hans Urs von Balthasar, Vocazione, Ed. Rogate, pag. 23, 2002

PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS

PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE

DOSSIER MENSUAL

AGOSTO 2012 – AÑO 3 – No.32

(DOC)

VOCACION ESPECIFICA PARA UNA MISION PARTICULAR

por Benedetto Lino, OFS

Dossier preparado por el equipo del CIOFS de Formación Permanente

Ewald Kreuzer, OFS, Coordinador

Fr. Amando Trujillo Cano, TOR

Doug Clorey, OFS

 

LO ESPECÍFICO DE NUESTRA VOCACIÓN

La selección que presentamos este mes de la presentación de Benedetto Lino al Capitulo General de la OFS de 2011 trata tres aspectos específicos de la vocación de los franciscanos seglares. Su reflexión hace énfasis en la singularidad de la propia vocación de San Francisco y la de todos los franciscanos en conexión con aquella experiencia fundante y perenne. Benedetto expresa que si hay una naturaleza específica de nuestra vocación como franciscanos seglares, esa es la llamada que compartimos a ser totalmente cristianos, como lo fue Francisco. Es específica porque se refiere a un ejemplo o un modelo, San Francisco de Asís, quien nos nuestra cómo ser cristianos de una forma radical, total y permanente. Hemos sido atraídos por el ejemplo y la vida de Francisco y Dios ha usado este interés para guiarnos a la forma de vida a la cual nos hemos comprometidos.

LO ESPECÍFICO DE NUESTRA VOCACIÓN DEPENDE DE SAN FRANCISCO.

Nuestra vocación específica es franciscana y seglar y, en cuanto tal, es estrechamente dependiente de Francisco de Asís y de su vocación. Su ejemplo y su vida nos han atraído. Dios se sirve de él para conducirnos a una forma de la vida específica. Debemos por lo tanto partir de Francisco para comprender cuál ha de ser nuestra vocación específica.

Francisco no ha emprendido un camino “específico” en el sentido de haberse “especializado” en algo concreto. Me explico:

San Juan Bosco se ocupó de los jóvenes, San Camilo de Lelis, San Juan de Dios, se ocuparon de los enfermos, la Beata Teresa de Calcuta de los pobres abandonados, las Santas contemplativas se han comprometido en la inmolación pro mundi vita, en la oración contemplativa, etc.

San Francisco no se ha “especializado” en nada. San Francisco se ha hecho disponible para todo (1Cor 9, 22-23). Francisco en primer lugar ha buscado a Dios, para encontrarse a sí mismo.

El ha tratado in primis de responder al núcleo fundamental de su vocación primaria (igual para todos) que es la de establecer una relación con Dios, para dar pleno sentido a su existencia.  Lo ha buscado con largos períodos de oración y contemplación y, poco a poco, ha percibido la intima esencia, la de un Dios que es Padre, Abba, un Padre, que se hizo cercano a nosotros en el Hijo, en su Encarnación, Vida, Pasión, Muerte y Resurrección, en un acto de entrega total y perenne de Sí, un Hijo que nos conduce a Él, que nos anima y nos santifica por medio de su Espíritu.

Esto determinó en él el deseo totalizante de dejarse transformar por el Espíritu para conformarse a Jesús-Hijo, y secundar la vocación fundamental de Dios: llegar al Padre  compartiendo la misma vida de Dios uno y trino.1 Francisco no quiere otra cosa en su vida sino vivir de Cristo, en Cristo, vivir íntegramente el Evangelio: en una palabra ser sólo y totalmente cristiano, y nada más. Francisco no ha hecho otra cosa que corresponder plenamente a lo que Jesús ha pedido, y pide siempre, a todos y cada uno, sin distinciones.

Nuestra Vocación: Vivir a Cristo, Vivir el Evangelio

Dios ha suscitado a Francisco, y su triple familia, para la Iglesia y para el mundo a fin de que el mundo y la Iglesia misma creyeran que es posible vivir el Evangelio sine glosa, y que es concretamente posible ser cristianos integrales, sin  ulteriores especificaciones.2 Francisco lo ha hecho. Y nosotros, sus seguidores, solemnemente lo hemos prometido: “…prometo vivir, en mi estado secular (seglar), durante todo el tiempo de mi vida, el Evangelio de Jesucristo en la OFS” (Fórmula de la Profesión en la OFS).

Nuestra Regla es una sucesión implacable de exhortaciones a poner a Cristo en el centro de nuestra vida, a vivir el Evangelio, es decir a Cristo, como Francisco, reconociendo la paternidad de Dios al que debemos tender con todas nuestras fuerzas y cuya voluntad debemos cumplir (Regla 4, 5, 6, 7, 10;  en las Const. Gen.  9, 10, 11, 12). Este es el corazón de nuestra Regla.

No hay prescripciones particulares o especificas, sino todo lo contrario: “La espiritualidad del franciscano seglar es un proyecto de vida centrado en la persona de Cristo y su seguimiento, más que un programa detallado para llevarlo a la práctica” (Const. Gen. 9.1).

Estoy tan convencido de que la vocación de Francisco, y la nuestra,  son únicamente la de ser sólo y plenamente cristianos, hasta el punto de pensar que Francisco no puede estar muy contento de que nosotros nos llamemos “franciscanos”. Creo que él habría, de lejos, preferido que nos llamásemos simplemente “cristianos”. El eligió nombres para sus discípulos que no distrajeran la atención de Cristo y que sirvieran en cambio, para cualificar su discipulado: “Frailes (hermanos) Menores”: la fraternidad y ser menores y sometidos a todos; “Hermanos y hermanas de la Penitencia”: la vida fraterna y la conversión continua; “Hermanas Pobres”: la pobreza, como signo concreto del ofrecimiento total de sí mismas, pro mundi vita, para la vida del mundo. .

Hoy, sin embargo, no es infrecuente encontrar “franciscanos”, para los que “ser franciscano” ¡es casi más importante que ser cristianos! Creo que si pudiera hablarnos hoy, Francisco nos diría: “Mis queridos hermanos y hermanas, para ser mis verdaderos y fieles discípulos, sed sólo cristianos, cristianos integrales, sed sólo perfectamente cristianos, como el Buen Dios me ha concedido ser a mí por su sola  gracia."

Lo Específico de  nuestra vocación: ser cristianos totales, como Francisco

Nuestra vocación es ciertamente específica no tanto porque estamos llamados a expresar nuestra vida en el siglo, en las condiciones comunes del mundo, en el estado laical u ordenado, célibe o conyugal. Esta vocación es común en la gran mayoría de los creyentes. Ella es específica únicamente  porque nuestra llamada contiene en sí misma un elemento de ejemplaridad, un modelo, un estilo de seguimiento único:  Francisco

Esta es la verdadera y única especificidad de nuestra vocación que nos diferencia y nos unifica: ser cristianos totales como Francisco

Más allá de esto no hay nada de específico. Antes bien, osaría decir que nuestra vocación es, como  la de Francisco, más bien a-específica. Me explico.

¿Qué es o qué hace Francisco que no sea totalmente lo que el Evangelio, lo que Jesús pide a todo creyente? Francisco no hace otra cosa que atenerse perfectamente a todo lo que Jesús ha pedido a todos. ¿Francisco es humilde? Jesús ha pedido la humildad a todo creyente. ¿Francisco es pobre?  Jesús ha dicho para todos “Bienaventurados los pobres”. ¿Francisco es casto?  La castidad es aconsejada a todos los creyentes. ¿Francisco es manso? Jesús lo ha aconsejado a todos. ¿Francisco vive la fraternidad?  ¿Los monjes, y religiosos en general, todos los cristianos no viven (o al menos deberían) la fraternidad también entre ellos?

Podemos seguir así en todo esto y veremos que cuanto ha hecho Francisco es exactamente lo que Jesús pide a todos los creyentes. Francisco no ha tenido un carisma y una misión contingentes, limitados a un sector bien definido. Su carisma, su vocación y su misión son “a-específicos” en el sentido que corresponden a los de la Iglesia de siempre, de la Iglesia de Cristo en el estado más puro e integral, son los que ahondan la propia raíz en la sustancia más profunda de la vida cristiana en cuanto tal sin ulteriores especificaciones. ¡No se trata de un camino de perfección reservado a pocos elegidos sino a todos!

La Carta a los fieles3, texto de referencia fundamental del franciscanismo seglar y prologo de nuestra Regla actual, es una prueba de esto. Francisco escribe a los “fieles penitentes” (De illis qui faciunt penitentiam), por lo tanto a nosotros, pero para él, todos deben encaminarse por el camino de la penitencia – conversión. Francisco ha descubierto el Bien absoluto y exhorta a todos con pasión de manera que ellos también puedan descubrir que esta es la única vía para lograr la vida, la única verdadera vida: convertirse para entrar en la comunión de su y nuestro Señor Jesucristo, de su y nuestro Padre celestial. El ideal franciscano coincide con la vocación de todos lo christifideles (y no solo laicos).4

Nuestra vocación específica es, por tanto ser cristianos como Francisco. Nuestra gran y única especificidad se compendia en dos únicas palabras: como Francisco. Este como, sin embargo, establece una gran diferencia. Porque, si es verdad que Cristo ha pedido a todos hacer lo que Francisco hizo, también es verdad que Francisco lo hizo en el más alto grado. La diferencia no está tanto en hacer algo diferente sino en la intensidad con la que se hacen las mismas cosas. Una intensidad que caracteriza a Francisco y que se convierte en paradigma y normativa para todos nosotros franciscanos en todo estado de vida. “Un primer dato del proceso vocacional de Francisco… es su experiencia personal de relación con Jesucristo, relación que se caracteriza por la radicalidad, por la totalidad, y por la permanencia”.5

Esta es nuestra vocación, “conformarse a Cristo” el hombre perfecto, y lo específico nuestro  consiste en vivirla con la misma intensidad con la que Francisco la vivió, la misma totalidad con la que se comprometió a imitar al Cristo total, con la misma radicalidad que caracterizó su esfuerzo de transformación-conformación desde la raíz de su ser, la misma permanencia en la que él vivió este esfuerzo.

Francisco, “hombre cristianísimo, con imitación perfecta, trató  de configurarse, como vivo, al Cristo viviente; en la muerte, al Cristo muriente, y muerto, al Cristo muerto, y mereció el honor de llevar en su propio cuerpo la imagen de Cristo visiblemente” (LM XIV, 4; FF 1240). Francisco es el hombre cristianísimo, como subraya san Buenaventura Esta es su especificidad: la de ser completamente, totalmente de Cristo, cristianísimo, sin  reservas ni límites.6

Francisco, definido también como Alter Christus, se hace humilde y alto, como aquel que en cada cosa ha buscado identificarse con su Señor y, acogiendo sin reservas la gracia y la ayuda del Espíritu, lo consigue de manera ejemplar, paradigmática para toda la Iglesia de todo tiempo para todo el mundo.

“Su aspiración más alta, su deseo dominante, su voluntad más firme era observar perfectamente y siempre el santo Evangelio e imitar fielmente con toda la atención, con todo compromiso, con todo el impulso del alma y del corazón la doctrina y los ejemplos de nuestro Señor Jesucristo.

Meditaba continuamente las palabras del Señor y no perdía nunca de vista sus obras. Pero, sobre todo, la humildad de la Encarnación y la caridad de la Pasión estaban impresas tan profundamente en su memoria, que difícilmente conseguía pensar en otras cosas.7

Pero… ¿no debería de ser así para todo santo? Ciertamente que sí. Aún parece que el Altísimo haya querido que Francisco encarnase del modo más totalizante, visible y paradigmático, esta total identificación con Cristo para siempre.8 Él llega a ser el hombre cristiano por excelencia y Dios le ha confiado la especialísima misión de ser signo imperecedero para toda la Iglesia, para cada cristiano, y para el mundo entero. ¡Y Francisco, aunque haya muerto hace ya ochocientos años, continúa aún desarrollando egregiamente su misión!

FOR REFLECTION AND DISCUSSION IN FRATERNITY:

1. ¿Qué fue lo “específico” de la vocación de Francisco de Asís?

2. ¿Por qué fue (es) aclamado Francisco como “otro Cristo” o como “el más cristiano de todos los hombres”?

3. ¿Qué es lo “específico” de nuestra vocación como franciscanos seglares?

 

 


1 Yo no necesito nada más, hijo mío, conozco a Cristo pobre y crucificado (2Cel  LXXI,. 105). “La esencia de la espiritualidad franciscana es...Cristo. Él es el punto focal de esta espiritualidad. Podríamos decir: sólo Cristo… toda vuestra literatura franciscana muestra claramente el esfuerzo de San Francisco de imitar completamente a  Jesús... "Conscientemente, constantemente  (Francisco) quería vivir como su Maestro, con su Maestro, de su Maestro. Su Regla, que él la concibió, no es otra cosa que el Evangelio en acción (Pablo VI, al Cap. Gen. OFM, 22 de junio 1967).

2 “[Inocencio III]  No quiere aún mandar cumplir inmediatamente lo que el Poverello pedía, porque para algunos cardenales parecía una cosa extraña y demasiado intensa para las fuerzas humanas. Giovanni di San Paolo dijo entonces: “Este pobre, en realidad, nos pide solamente que le sea aprobada una forma de vida evangélica. Si rechazamos su requerimiento, como demasiado difícil y extraño, estemos atentos para que no suceda que hacemos una injuria al Evangelio. Si en efecto uno dijera que en la observancia de la perfección evangélica y en el voto de practicarla hay algo de extraño o de irracional o incluso imposible de practicar, se convierte en reo de  blasfemia, contra Cristo, autor del Evangelio (LM 3, 9; FF 1062)”.

3 Me refiero a ambas versiones de la Carta. La versión breve, conocida también como Recensio prior, es el Prólogo de la Regla de la OFS. La versión larga es una ampliación y enriquecimiento de la primera.

4 Titulo de la Carta a los fieles (Recensio prior): “H[a]ec sunt verba vit[a]e et salutis que si quis legerit et fecerit inveniet vitam et [h]auriet salutem a domino de illis qui faciunt penitentiam. – Estas son las palabras de vida y salvación para los que hacen penitencia: quien las lea y las lleve a la práctica encontrará la salvación del Señor.” Este “quien” no es ciertamente limitativo sino extensivo. Está dirigido a todos.

5 Andrés Stanovnik OFM Cap., Arzobispo de Corrientes, Argentina.

6 Es iluminador el paragón entre Pablo y Francisco, los dos grandes convertidos. Los dos han vivido una vida en Cristo en plenitud, según lo que el mismo Pablo testifica y cómo Francisco ha vivido intensamente: para mi vivir es Cristo; no soy yo quien vivo sino Cristo que vive en mí. (Fil 1, 21; Gál 2, 20).

7 1Cel XXX, 84.

8 “Que si otros temerariamente comparan entre ellos los héroes celestes de la santidad, destinados por el Espíritu Santo, quién a esta, quién a aquella misión entre los hombres – y tales comparaciones, generalmente fruto de pasiones partidarias, no consiguen ninguna ventaja y son injuriosos hacia Dios, autor de la santidad, -- aún parece poderse afirmar no haber existido nunca ninguno en quien brillasen más vivas y más parecidas la imagen de Jesucristo y la forma de vida evangélica que en San Francisco. Por tanto el que se había llamado el “Heraldo del Gran Rey” fue saludado cual “otro Jesucristo” para presentarse a sus contemporáneos y a los siglos futuros casi Cristo Resucitado; del que derivó que como tal él vive todavía a los ojos de los hombres y continuará viviendo para todas las generaciones futuras, Pío XI, Encíclica Rite Expiatis, 30 de Abril de 1926.

OFS_logoPRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS
PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE
DOSSIER MENSUAL
JUNIO 2012 – AÑO 3 – No. 30

 

 

(DOC)

EVANGELIZADOS PARA EVANGELIZAR

por Fr. Fernando Ventura, OFMCap
Dossier preparado por el equipo del CIOFS de Formación Permanente
Ewald Kreuzer, OFS, Coordinador, Fr. Amando Trujillo Cano, TOR, Doug Clorey, OFS

 

LAS BIENAVENTURANZAS:
EL TEXTO MÁS PELIGROSO Y REVOLUCIONARIO EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD.  (Segunda Parte)

En esta ficha mensual concluimos la reflexión de Fr. Fernando sobre las Bienaventuranzas, “la carta constitucional” del cristianismo.  Este importante texto es realmente el código secreto de la Biblia y de la vida.  La Biblia nació de la vida, y si lo queremos y permitimos, puede nacer vida de la Biblia. Sin embargo, no será una “vida fácil”, pero en realidad nadie dijo que sería fácil.

“Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados”

Somos capaces de llorar por dos motivos… O lloramos de alegría, o lloramos de tristeza ¿no es verdad? Y me atrevo a ir más lejos: Lloramos porque amamos, “el que no llora no ama”. Es este el único y verdadero motivo que lleva a alguien a llorar.

Todos los días nos conmueven las noticias que hablan de decenas, centenas y millares de muertos, pero, aunque quizá nos entristezcan tantas muertes, no lloramos. Sin embargo, si muere una sola persona que amamos,  seguramente lloraremos. En términos numéricos la realidad es incomparable: decenas, centenas y millares de muertos por un lado y “sólo” un muerto por el otro… La única diferencia es la relación; lo que condujo a las lágrimas, en este caso de tristeza, fue el amor.

Pues eres… bienaventurado tú que lloras, porque son bienaventurados los que aman, los que son capaces de tener y construir relaciones con alguien, porque te niegas a vivir orgullosamente como “soltero”, los que son capaces de amar a los otros y a la vida… No vives para hacer meditación trascendental mirándote el ombligo… no te contentas con pías elucubraciones místico-solitarias… Sino que, como dice otro proverbio portugués: “Quien se sujeta a amar, se sujeta a padecer”. Ahora bien, nunca nadie dijo que sería fácil, pero tampoco ninguno de los que se atreven a vivir así, dijo que no vale la pena.

“Bienaventurados los mansos, porque poseerán la Tierra”

Otra declaración contraria a la norma… otro aparente concepto errado de lo que significa “manso”. Aquí importa definir el concepto de “manso” a la luz de todo lo que dijimos antes. De nuevo somos desafiados a adoptar una nueva actitud de “ser”;  de “ser diferente”, de ser de una forma nueva y de una manera diferente de los que hacen de la violencia la fuerza de toda su existencia. El manso es un especialista de la violencia de los no violentos. La última palabra, no podrá ser, nunca podrá ser de los “violentos”, si los quisiéramos colocar en oposición con los “mansos”. Pero, posiblemente, debemos ir un poco más lejos. En las profundidades de su ser, el “manso” es, en el fondo, alguien equilibrado consigo mismo, con los otros y con Dios. Esta es la mansedumbre que hemos de cultivar con urgencia. No se trata, de nuevo, de una apología cualquiera de una actitud abúlica frente a la vida; una actitud cualquiera de “Fulana va con las otras”, lentita… humilde… pobrecita… con la auto-estima por el suelo… Es el desafío de Mahatma Gandhi, de Teresa de Calcuta, de Luther King, es la “guerra de los no violentos”.

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de esa justicia, porque serán saciados”

Anawim y dalim, pobres en el espíritu y pobres miserables, unidos en la misma lucha, en la misma voluntad de reconquista de la dignidad perdida, del derecho de ser persona, tantas veces negado por los grandes de la tierra, por los señores del odio, del opio, del poder y de la muerte. No se trata de un compromiso de transformación de la historia, solo para enfrentar, sino de la voluntad de ir más lejos, que se asemeja a la sensación de hambre y de sed, que toca lo más íntimo del ser de cada uno y que sólo llegan a su meta final en la saciedad.

No basta ser “simpático”, nuestra sociedad ya tiene gente de lo más simpática… no llega a cultivar la sonrisa de lo políticamente correcto. Confucio decía que “por detrás de toda sonrisa están los dientes”… ¿Nunca sentiste que estabas sonriendo con ánimo de morder?  ¿Nunca sonreíste a cualquier persona dispuesta a hacer lo mismo? Pues es por eso, un desafío mucho más profundo; es el convite descarado a la empatía. No llega a ser “simpático” (sun + pathos = sufrir al lado de alguien…); el apremio de la revolución es urgente, lleva definitivamente para la empatía  (en + pathos) sufrir dentro, hacer propia la lucha del otro, ya, ahora, hoy, que es ya, ahora, hoy de la eternidad.

Así, el tiempo que es hoy, no es el de cruzar los brazos, el de quedarse a la espera en la esquina de la vida, hasta que llegue la eternidad…, hoy es el tiempo de arremangar las mangas, sin miedo, con el coraje de los que saben en Quién pusieron su confianza.

“Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia”

A partir de dos afirmaciones centrales en el Antiguo Testamento acerca de los “atributos” de Dios, misericordia y verdad (hesed y emet), Mateo coloca en esta frase toda esta carga de identidad para decir que los anawim son precisamente personas que viven este mismo sentimiento de Dios. Un Dios de hesed, un Dios de misericordia, en última instancia – y  voy a la etimología de los términos usados, es un Dios con “entrañas” – diríamos de una forma más poética, con corazón – que desafía a los anawim a asumir esta misma actitud de vida.

Lejos de ser simplemente una elucubración a gusto de las libertades poéticas, la invitación – más en este elemento de la bienaventuranza, de felicidad – es  justamente la de tener un corazón capaz de latir al ritmo del corazón de Dios. Un corazón apasionado, un corazón no-solitario, casado con la vida y con el mundo, de la misma manera que Dios se casó con la creación entera, sin excepciones… Dios se casó con todos…  incluso con los católicos.

“Bienaventurados los puros de corazón, porque verán a Dios”

Comprometido en la historia y con la historia, este corazón que procura ajustar su ritmo al ritmo de Dios, será “fatalmente” capaz de encontrar su equilibrio, será capaz de reencontrar su pureza original y, cualquiera que sea capaz de hacer este viaje a la intimidad, no puede dejar de encontrarse con su propio equilibrio de ser… Ha encontrado la primera etapa que lleva a la felicidad: el equilibrio consigo mismo.

Entonces se puede “ver a Dios”, entonces se cae definitivamente el tabú al suelo, entonces ha sido posible comprender que puedes realmente “ver a Dios” si eres capaz de ver a los otros… Porque Dios no está en cualquier cielo distante, sino aquí, en el ahora y en el ya de la vida y del tiempo que es ya eternidad y que es ahora.

Vamos a ser claros. El Dios de la Biblia, el Dios de Israel, el Dios de Jesucristo, no es un Dios de un cielo distante, sino un Dios de la “Tierra”, un Dios "cercano”, de camino, de polvo y viento, un Dios compañero, un Dios de Tú, por eso mismo, un Dios de relación. Por eso se deja “ver”, por eso se deja “tocar”, por eso no se preserva en términos de relación.

“Bienaventurados los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios"

El texto, que sigue desarrollando la explicación de los “bienaventurados”, toca ahora una nueva categoría de personas, que constituyen el punto de llegada de todos los atributos enunciados antes: los pacificadores, diríamos los “shalémicos”, pidiendo perdón por el neologismo. Llegamos al gran concepto central del desafío de la conversión.

Shalom, mucho más que un concepto que habla de ausencia de guerra, es, en sí mismo un concepto de plenitud global de todas las dimensiones de la vida y de las relaciones de cada uno consigo mismo, con los otros y con Dios. Se trata, en efecto, de un concepto utópico, un desafío a construir un futuro, un sueño de eternidad, una educación para las “nostalgias del futuro”, de la construcción de un paraíso que nunca existió, pero que, tendencialmente y por voluntad de Dios, toda la humanidad está llamada a soñar y a construir.

Este sueño de plenitud de equilibrio, está presente en todas las creaturas, tiempos, pueblos y civilizaciones. Ya sea que se llame paz, shalom, salam, morabeza, nirvana, pankasila, metempsicose, shanti, estaremos siempre delante de este deseo inscrito en lo más hondo del código genético de la humanidad.  Aquí es donde realmente está escrito el plan de Dios. El problema reside en la incapacidad humana para leer correctamente ese código, divino e humano, fundido y entrelazado en una ascendente espiral de complejidad y conciencia, en palabras de Teillard de Chardin. Tenemos una gran dificultad para comprender la armonía de los movimientos de esta danza y por lo tanto, rápidamente, para construir la “paz personal” hacemos una “guerra colectiva”, en nombre de Dios… ¡para construir la paz!

Y confundimos todo… triste es nuestra situación… demasiado rápidos para establecer la paz a través de la guerra, a lo largo de los tiempos.  Las grandes culturas siempre fueron capaces de encontrar argumentos para justificar la muerte en nombre de Dios… Hoy nos admiramos con los fundamentalismos recientes….

Metanoia, conversión, jihad, son conceptos relacionados a un mismo ámbito de significado; todos ellos, etimológicamente, o por lo menos teológicamente, están vinculados al concepto de “guerra”, “guerra santa”, es más, antes que otra cosa y esencialmente, una guerra a ser llevada a cabo consigo mismo, una lucha de superación de las capacidades ontológicas de sí mismo en su relación subjetiva con los otros y con Dios. Lograr este nivel de equilibrio, es realmente construir la paz a través de la guerra, más una guerra que ve en el campo de batalla a un “guerrero” que no quiere “matar al otro” o al “dios del otro”, sino simplemente matar los propios falsos dioses que le impiden acoger al otro en su forma de entender a Dios, en busca de un equilibrio que conducirá “fatalmente” a la paz.

“Bienaventurados los que sufren persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados sean cuando los insulten y persigan y, mintiendo, digan todo tipo de calumnias contra ustedes, por causa mía. Exulten y alégrense, porque será grande su recompensa en el Cielo, pues también así persiguieron a los profetas que los precedieron.”

Bueno, en realidad parecía demasiado bueno para ser verdad. El texto “aterriza” de nuevo en el mundo real. Presentado el ideal frente a nuestra posibilidad. El lector es llevado en esta parte final del texto a confrontarse con la realidad del “destino” que le espera a quien quiera ser capaz de orientar su vida bajo este conjunto de principios, llevándolos hasta las últimas consecuencias. Persecución, insultos, mentiras, calumnia, serán los compañeros de camino de quien se atreva a tocar las ideas establecidas... Son muchos los momentos en que esta profecía se cumple en la historia. Por eso, decía al inicio que este es el texto más peligroso y al mismo tiempo más revolucionario de toda la historia de la literatura  de la humanidad. Por eso, también, es un texto cuyo significado último nunca puede ser escondido.

"A todos ustedes hermanos y hermanas en Cristo, dejo una manifestación de mi respeto y cariño porque son corazones que laten en la historia, porque son corazones que laten al ritmo del corazón de Dios”.
Fr. Fernando Ventura OFM Cap

Bibliografía:

VENTURA, FERNANDO, Roteiro de Leitura da Biblia, Ed. Presença, 2009
VENTURA, FERNANDO, Do Eu Solitario do Nos Solidario, Ed. Verso de Kapa, 2011

PARA LA REFLEXIÓN Y LA DISCUSIÓN EN FRATERNIDAD:

A la luz de la reflexión de Fr. Fernando sobre las Bienaventuranzas, estudia y discute in tu fraternidad los siguientes textos en las Constituciones Generales de la OFS:

1. "Los franciscanos seglares intenten vivir el espíritu de las Bienaventuranzas, y especialmente el espíritu de pobreza”  (GGCC Art. 15.1)

2. "Los franciscanos seglares están llamados a ser portadores de paz en sus familias y en la sociedad: interesándose por la propuesta y la difusión de idease y actitudes pacíficas; desarrollando iniciativas propias y colaborando, individualmente y como fraternidad, en las iniciativas del Papa, de las Iglesias particulares y de la Familia Franciscana; colaborando con los movimientos y con las instituciones que promueven la paz en el respeto de sus auténticos fundamentos." (GGCC Art. 23.1)

3. "Los franciscanos seglares, antiguamente llamados “hermanos y hermanas de penitencia”, se proponen vivir en espíritu de conversión permanente." (GGCC Art. 13.1)